La pareja o la vida

Antes de comenzar la práctica había sido alertado de la siguiente prevalencia psicopatológica: al menos 50% de pacientes con depresión y ansiedad. No se convirtió en realidad y fue otra prominente prevalencia la que se manifestó, una de la cual no fui alertado debidamente.

Poco más del 60% de los pacientes adultos que pasan por nuestro consultorio presentan como elemento nuclear o periférico de su motivo de consulta situaciones vinculares conflictivas con sus parejas.

Vale aclarar que estas consultas se dan en el contexto de psicoterapias individuales (no realizamos terapias de pareja). Aún así, “la pareja” como tema retumba en las paredes de nuestro consultorio (y probablemente de todos los consultorios).

No hay duda de que compartir la vida con una pareja es una de las experiencias más gratificantes que los humanos tenemos a nuestra disposición. Cambio la conjugación. En vez de “es”, pongamos “puede ser”. Y allí radica el eje del asunto: persistir en una relación “a pesar de”.

No es que esté proponiendo que todas las parejas con problemas deban sí o sí separarse. Muchas veces el estar en pareja nos enfrenta a la necesidad de un crecimiento que siempre resulta incómodo de encarar. Esos son los casos de la psicoterapia en los que la pareja como tema termina siendo un motor del cambio individual, que a su vez redunda en el crecimiento de la pareja.

Pero vamos a un terreno menos solar, y más prevalente: las parejas co-dependientes y el estar en pareja sin importar las consecuencias para ambos miembros de la misma. Para estos pacientes la mente parece haber cerrado filas bajo la siguiente divisa: “La pareja o la vida”.

Normalizar el maltrato, ya sea físico o psicológico, explícito o implícito, sutil o directo, es uno de los primeros signos de que estamos ante una pareja co-dependiente. Co-dependiente significa que son dos personas que alimentan los rasgos patológicos del otro al mismo tiempo que se mantienen en una agitada zona de comfort. Tal vez uno es inseguro, tiene baja-autoestima y evita tomar decisiones y el otro es dominante y agresivo. Tal vez los dos son agresivos y se sienten como peces estresados en el agua cuando se comunican de la peor manera posible entre sí. No hay dos o tres tipologías de co-dependencia, tampoco hay mil, pero va más allá de los objetivos de esta entrada hacer una lista exhaustiva.

Lo que queda claro es que los integrantes de las parejas co-dependientes realizan un pacto no consciente en donde uno le asegura al otro que no le va a exigir que cambie siempre y cuando el otro haga lo mismo con uno. Vale aclarar que paradójicamente esto a menudo ocurre efectivamente a través del reclamo contínuo, mutuo y estéril de cambio entre los miembros de la pareja. La conclusión es la siguiente: “Yo no voy a cambiar hasta que el otro no cambie”.

Del otro lado del muro, un sinnúmero de amenazas. Principalmente: la soledad (circunstancial y temporal) y el insoportable peso de la libertad que impele a trabajar sobre uno mismo para poder eventualmente sentirse realizado (sea a través de una pareja y la conformación de una familia o a través de otras vías de conexión con otros significativos en este vasto y estimulante mundo).

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