Los padres que no pudieron dejar de ser hijos / Parents that never ceased to be sons/daughters

(English version after Spanish)

Quedarse en el estadio de hijo es una de las tantas razones que explica la incapacidad de muchos padres/madres de no poder ser “lo suficientemente buenos” en ese rol.

Esta entrada la inspiran algunos de mis pacientes de treinta y pico, que cargaron durante toda su vida con cierta mochila emocional y dificultades vinculares que podemos rastrear parcialmente en uno o ambos de sus padres. Padres de 50, 60 años que siguen en combate o agonía con sus propios padres (los abuelos de estos pacientes). Los padrijos pueden ser demandantes, insatisfechos seriales, algunos solo saben conectarse a través de la hostilidad y el conflicto, y otros pueden ser cruelmente indiferentes o ausentes. Todos atrapados por las rencillas y la escasez del pasado. Dolidos por las migajas de amor que les tocó, muchos de estos padrijos se ponen una y otra vez en un centro protagónico que hace décadas deberían haberle cedido a sus hijos.

Mis pacientes saben que este entendimiento solo nos puede servir para comprender y para comenzar a sanar heridas viejas pero nunca para justificar su malestar, estancamiento o incapacidad de cambio. A diferencia de sus padrijos ellos tienen la obligación de crecer, con la responsabilidad de saber que sus destinos están exclusivamente en sus manos.

No es casualidad que muchos de estos pacientes logren romper este juego de roles que son invitados a interpretar una y otra vez a partir de la llegada de su propia/o hija/o.

El mayor deseo de una madre o un padre es que su hija/o los supere. Que sean mejores personas que ellos, es decir: más compasivos, amorosos y apasionados por la vida. Y comprenden que este pequeño gran acto de trabajo sobre sí libera de un solo movimiento a las tres generaciones: 1. salir del círculo de la mezquindad de amor los convierte a ellos mismos (los pacientes) en mejores que sus padrijos, 2. los padrijos logran su cometido de que sus hijos los superen y 3. esos niños que acaban de llegar al mundo, los hijos de mis pacientes, nacen en el cálido centro del amor de sus orgullosos padres.

Parents that never ceised to be sons/daughters

One of the many causes of not being a good enough parent arouses from the impossibility of those to overcome the son/daughter stage.

This entry is inspired by some of my thirty-something patients that manoeuvred throughout their lives with heavy emotional baggage and interpersonal difficulties that one could partially trace to one or both of their parents. Parents of 50 or 60 years old that to this day struggle with the pain caused by their own parents (my patients’ grandparents). The parent-child can be demanding, serially dissatisfied, ungrateful; some only know how to connect through conflict or hostility, others can be cruelly indifferent or absent. All of them stuck in past days’ quarrels and scarcity. Hurt by the love crumbs they got, many of the parent-chlidren put themselves, over and over, in center stage. A center they should have given up to their own children a long time ago.

My patients know that this understanding can only enlighten them in order to start healing old wounds, but it can be never used to justify their pain, unrest, paralysis, or inability to change. Unlike their parents-children, my patients know they have the duty to change and grow, and that the fate of their destinies is exclusively in their hands.

It’s not mere chance that many of my patients manage to start breaking through these role-playing chains, that are invited to play over and over again, just in time of the arrival of their first-born.

The biggest wish of a parent is for their son/daughter to better them. To create a better person than themselves, meaning: a more compassionate, loving, caring, and enthusiastic human being than them. And they understand that with this little great act of work over themselves they can break free in a single movement all three chained generations: 1. breaking free from the circle of love scarcity will turn themselves (my patients) in better people. 2. by virtue of the first step the parent-children accomplish the task of being surpassed by their children. And 3. the children about to arrive to this world can be born in the warm center of love of proud and caring parents.

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